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Una economía en discreto crecimiento, una diplomacia heterogénea. España Sánchez apoya dictaduras latinoamericanas. Por Sophia Lacayo

Visto así, las naciones hacen las tareas que le corresponden, y a pesar de que en lo interno se movilizan muchas tensiones, no tiene por qué afectar lo externo. La apariencia internacional es otra sintonía. El asomarse a la terraza y contemplar el mundo, es uno de los aspectos más descollante de todo el complejo escenario de la diplomacia. Saber contemplar, saber relacionarse, saber ser aliado. Por una España heterogénea.
Y es que esta España de Pedro Sánchez –quien logró el pasado mes de noviembre su tercer mandato como presidente del gobierno, gracias a su relación con tendencias de izquierdas, nacionalistas e independientes, y el poderoso Partido Socialista Obrero Español, PSOE– no ha creado, en lo más mínimo, una fisura en su armonía diplomática con Estados Unidos, y, por el contrario, los nexos se han fortalecido, aun cuando a los demócratas les dé alergia los ácaros socialistas.
Conviene resaltar que, en septiembre pasado, el diario El País, de Madrid, organizó en la ciudad de Nueva York, un foro denominado Latinoamérica, Estados Unidos y España en la economía global, un ejemplo de estrategia para explorar y seguir dinamizando las relaciones entre ambos países. En ese encuentro estuvo el presidente español.
El titular de la Cámara de Comercio España-Estados Unidos, Alan D. Solomont, quien fue embajador en España en tiempos de Barack Obama, tomó la palabra y dejó entrever la favorable correlación que aviva ambas naciones. “Reforzar las conexiones globales siempre ha sido importante, pero ha cobrado aún mayor relevancia en los últimos años acontecimientos como las catástrofes pandémicas globales o como las que están teniendo lugar en Marruecos y Libia”.
También precisó que “la invasión rusa de Ucrania, junto con los cambios en la dinámica geopolítica, han puesto rigurosamente en jaque a la economía mundial, lo que requiere la adaptación y la resistencia de los marcos empresariales e institucionales productivos del mundo”.
Dicho esto, la economía española asume el futuro con confianza toda vez que se espera que el Producto Interno Bruto, PIB crezca 1,6 durante el 2024, de acuerdo con el informe publicado el martes 23 de enero por el Funcas, reconocido centro de análisis e investigación económica y social, referente en el ámbito de las previsiones económicas y políticas públicas en España. Según los expertos del organismo, se estima que el PIB avanzará un 0,3% en el primer trimestre, un 0,4% en el segundo y un 0,5% en los dos siguientes.
En relación con el Índice de Precios al Consumidor, IPC, Funcas señala que se moderó en el último semestre, sin embargo, la previsión para este 2024 es que baje hasta una media de 3%.
Por su parte, Pablo Bernad, socio responsable del área de consultoría de KPMG Global Economic Outlook, ente que publicó un informe el martes 9 de enero, y que daba cuenta del avance de la economía española en el 2024, reiteró que el reto de esta, “será sin duda el descenso del déficit público y controlar el posible impacto en la inflación de la reducción de algunas de las ayudas aprobadas por el Gobierno para apoyar a las familias y empresas a paliar las alzas de los precios de combustibles y alimentos”.

Expandir la premisa
Las economías globales están fundamentadas en la producción, cómo es lógico, pero también en sus excelentes relaciones entre las naciones. España, con Pedro Sánchez a la cabeza, “es un animal político”, como le han dicho, ha sabido maniobra ante su fuerte aliado estadounidense. “Las relaciones entre España y Estados Unidos no sólo son un elemento esencial de la Alianza Euro-Atlántica, también contribuyen a un futuro más esperanzador en el continente americano”, dijo el año pasado la embajadora de Estados Unidos en España, Julissa Reynoso.
Para expandir más esa premisa de concordato, en julio de 2024, Pedro Sánchez intervino en la Cumbre Iberoamericana-Unión Europea, y dejó entrever su respaldo a las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Por su parte el eurodiputado español, José Ramón Bauzá, ya había adelantado ese ensamble hace tres años, cuando ratificó que la política “exterior de Sánchez ha sido la política bolivariana, comunista y extremista. El Gobierno de Sánchez es aliado de Venezuela, Cuba y Bolivia”.
Los pactos, acercamientos para fines políticos, de dominio absoluto, están definidos por aquella vieja consigna de que la política es el arte de lo posible, y es eso lo que experimente Sánchez con el PSOE. Enganches de toda naturaleza, sobre todo ante sus adversarios. Y, a propósito de esos pactos internos y externos, de Sánchez, con los partidos, el escritor y profesor de filosofía, Fernando Savater, publicó recientemente en El País, de Madrid, antes de ser expulsado del medio, que “Sánchez está dispuesto a estas insólitas concesiones porque él no cree en ningún relato y las medidas políticas le son indiferentes siempre que las firme él y trastornen a la derecha. El resto de los populistas iliberales chocan con otros países porque apoyan sus decisiones de gobierno, a menudo desacertadas, en proclamas ideológicas radicales de las que están orgullosos”.
Así las cosas, la actual España no deja de arrastrar el velo de la incertidumbre política, que, sin lugar a dudas, influye en la economía y en sus relaciones diplomáticas con países de derecha de izquierda. Eso sí, muchos retos para esta España socialista. Desde mantener cohesionada a los partidos de izquierda que lo llevaron a La Moncloa, hasta la polémica Ley de Amnistía, pasando por el referendo de autodeterminación. Una agenda obesa, cargada de pactos y de sorpresas.

Fuentes consultadas
-El País, de Madrid
-La Razón
-Universidad de Navarra

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